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miércoles, 1 de octubre de 2014

SE QUE UD NO VA A CREERME DOCTOR, por Daniel Truffat. De Buenos Aires, Argentina



Sé que Ud no va a creerme Dr., pero –en realidad- yo soy un ángel caído. No ponga esa cara, hombre! No le estoy hablando de nada terrible ni diabólico. Uds los humanos tienen la costumbre de asociar la calidad de ángel caído con el demonio. Yo lo conocí. Es cierto que no lo recuerdo, que apenas tengo una tibia y borrosa imagen de sus modos y sus dichos (si  es que puede denominarse así al modo en que nos comunicábamos). En serio le digo. Lo conocí antes del tiempo, en una época tan borrosa que nada de ello me ha quedado en la memoria, o casi nada.

Cómo le explico…? Recuerdo sensaciones, tal vez solo me acuerde de mí mismo acordándome. Pero tengo en algún lugar de la memoria su presencia poderosa, su rebeldía indomable. Era tan altanero, tan enemigo de todo límite que ni siquiera respetaba la idea de la auto-restricción. Yo no soy así. Los que son como yo no somos así. Tenemos idea del bien y del mal, y aunque somos capaces de infinitas bajezas y miserabilidades  -en definitiva como Ud mismo, Dr- también tratamos de ajustar nuestra conducta a aquello que objetivamente se ve como bueno. Por eso somos en general mansos. Yo al menos lo soy y no entiendo, sinceramente no entiendo, ni el chaleco ni las paredes cubiertas de lona. No me creo capaz de lastimar a ser vivo alguno. Entiéndame por favor, así como algunos de nosotros rompieron toda barrera en pos de una libertad infinita (que, en realidad, solo fue libertad para el que Ud. ya sabe porque los demás cambiaron el yugo bastante suave del Jefe Supremo por el puño de hierro del gran rebelde) nosotros solo quisimos ser “libres” en el sentido de no ajustar nuestras vidas a un orden perfecto y preestablecido, muy cómodo sí, pero etéreo, falto de las grandezas y las miserias de la carnalidad. No sonría con ese gesto despectivo. Ud tendrá grandes estudios pero yo le puedo asegurar, con ilimitada certeza, que su ignorancia es gigantesca, oceánica. No es que crea recordar que  todo lo supe, no Dr.. No es imaginación que suplanta a la memoria, es que ya no  recuerdo lo que alguna vez sabía ! O tal vez mi memoria no puede almacenar los datos del Universo todo como alguna vez fue, o tal vez mi pobre conciencia no puede traducir en este burdo medio expresivo que Ud llama palabras todo ese saber. No tiene idea a todo lo que renuncié!. La libertad Dr., es sufrimiento. La libertad es elegir, optar, y dejar de lado el camino que no se seleccionó. Es lamentar la pérdida de lo no hecho, o de lo hecho mal o de lo que se podría haber realizado de haber mediado otro contexto. Ser libre duele Dr., sentir y saber que se siente duele, duele mucho. Ud, aunque parodie las poses de los maestros de su saber, nunca sabrá que se siente perder la libertad física, estar encerrado en un cuerpo, deberse a venas y  pulmones, reclamar agua y alimento, cuando nunca hubo necesidad de ello. Nunca lo sabrá porque su pequeño mundo siempre le vino en esa pequeña y frágil caja que es Ud mismo. Yo sí lo sé, aunque no pueda decirlo con palabras, aunque no pueda recordar como era ese entonces. Lo sé y aún así estoy contento, estoy feliz de sentir el calor y el frío, de ver crecer las uñas en mis manos, de sangrar cuando me lastimo. Esta prisión, este cuerpo, el horror de elegir, el límite de un conocimiento que antaño fue limitado es bajo precio por la suprema libertad de ser yo y solo yo quien fije mis metas y quien se someta o resista mis deseos y pulsiones. Pago gustoso el precio de esta limitación, entienda que poco me afectan mi querido Dr sus remedios, sus celdas de aislamiento, sus paredes forradas y sus malévolos chalecos. No lo estoy provocando, no se ofenda. Le estoy abriendo mi corazón; Ud no puede mensurar que se siente abrir el corazón a un par –porque siempre pudo, porque siempre tuvo corazón y porque siempre tuvo pares-. Sé que no me entiende, si apenas puedo entenderme a mí mismo cuando tantas memorias y tantos conceptos que me exceden hoy huyen de mi frágil mente. Sé que no  me entiende, sé que va a dar por terminada la entrevista, sé que volverá a entregarme a sus enfermeros y a sus inocuos tratamientos. Cuánto lo compadezco Dr! Yo soy feliz, infinitamente feliz: soy libre, soy autoconciente y pago con alegría el precio. El precio es muy alto. Nada se recibe sin entregar algo a cambio. He cambiado la eternidad, la transparencia, el patronazgo amoroso del Jefe Supremo por este pequeño agujero en su hospicio, por este cuerpo dañado y perecedero, pero sabe qué Dr.?, Sabe qué? Soy feliz. No me arrepiento...
No sonría más Dr.! Su sonrisa me lastima,  es casi una afrenta! Es Ud tan soberbio, tan despreciativo que le diría  que su sonrisa me recuerda ya sabe la de quién! Me la recuerda demasiado. Ahora entiendo su frialdad y la crueldad refinada de su estilo. La cobertura modernosa y tecnológica, y mi propia memoria deshilachada me habían impedido reconocerte. Después de tantos siglos y de tanto padecer veo al fin que yo tampoco me sustraje de tu yugo, que este triste cuerpo mío será la materia donde vengarás que yo haya tenido límites y haya dado mi propio salto distinto del tuyo.

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