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miércoles, 3 de diciembre de 2014

MANTENER VIVA LA MEMORIA ES MANTENER VIVA LA DIGNIDAD. 12 DE OCTUBRE: ¿DESCUBRIMIENTO O GENOCIDIO?, por Nechi Dorado, de Santa Teresita, Argentina.

Imagen de Inti Maleywa “Atahualpa semilla de dignidad”

“¿Lograremos exterminar a los indios? Por los salvajes de América siento una invencible repugnancia sin poderlo remediar. Esa canalla no son más que unos indios asquerosos a quienes mandaría colgar ahora si reapareciesen. Lautaro y Caupolicán son unos indios piojosos, porque así son todos. Incapaces de progreso, su exterminio es providencial y útil, sublime y grande. Se los debe exterminar sin ni siquiera perdonar al pequeño, que tiene ya el odio instintivo al hombre civilizado”. Domingo Faustino Sarmiento. El Nacional 25 –nov – 1876


Así pensaba el presidente de Argentina durante el período 1868-1874, Domingo Faustino Sarmiento, docente, político, escritor y considerado, además, estadista, quien a la vez fuera homenajeado en 1947 por la Conferencia Interamericana de Educación que estableció como Día Panamericano del Maestro el 11 de septiembre (1888), fecha de su fallecimiento. 

Este político defensor a ultranza de la pureza racial, fue uno de los tantos reproductores de una ideología perversa, estigmatizadora de nuestros aborígenes reproduciendo desde la subjetividad explícita las más repugnantes teorías que aún en la actualidad muchos mantienen pero de la que otros pudimos ir zafando basados en la objetividad y el respeto por los primeros habitantes de Nuestr América.
Año 1492 o más o menos: No había Internet ni correo, tampoco periodistas ni escritores que relataran los horrores que comenzarían a ejecutar en nombre de la fe, la evangelización, el desarrollo, la ¡civilización!
A sangre y fuego, como corresponde actuar cuando se invade, unificando a la cruz con la espada criminal como símbolos innegables del espanto.
Con el correr del tiempo, de las naves y de la vergüenza, comenzaron a mutar hasta las palabras, accediéndose a otras definiciones, por ejemplo, comenzaron a hablar de descubrimiento cuando debía hablarse de invasión. In-va-sión, directamente, sin vueltas ni tapujos.
Al arribar los colonizadores empujados por el crimen, encontraron hombres, mujeres, niños, animales y riquezas sobre la superficie de estas tierras prósperas que habrían de ser saqueadas impunemente.
El desembarco hecho a filo de espada lo primero que causó fue el desangre de la vida, de la esperanza, de la razón, dividiendo la historia futura en dos posicionamientos: uno inclinado hacia la justificación, el otro hacia el análisis concreto que obliga al más firme repudio a los métodos empleados. Este último demoró muchos años en hacerse efectivo. Yo, por ejemplo, soy hija de una generación que celebraba cada 12 de Octubre como  el “Día de la Raza” o “Día del Descubrimiento de América” como si fuera el día de la liberación de los pueblos.
De solo recordarlo a uno le corre un frío por la espalda, porque lo que se celebraba y en algunas instituciones de mi tierra, generalmente españolas todavía se celebra fue y es el día en que la teoría de la “civilización” comenzó a devorar vida, costumbres y cultura ancestral.
Los entonces llamados “salvajes” aquel 12 de Octubre vieron rodar los cuerpos ensangrentados de su gente. Nuestra gente, y no lo hicieron enredados en la resignación sino todo lo contrario, tanto escarnio generó la Resistencia tan heroica como lo son todas las resistencias aunque no siempre se las reivindique así.
A lo lejos, el símbolo de lo más bajo que puede representar recuerdo humano, una mujer conocida como Su Majestad, Reina de España, fiel católica practicante, desde su trono de excrementos  se frotaba las manos solo de imaginar si la arriesgada travesía y la tremenda inversión mercantilista, llegara a dar sus frutos.
¡Y vaya si lo logró! Así se reprodujo el oro y la riqueza de España, sin pecado concebido, sin temores a la “justicia divina” porque la santa iglesia fue cómplice de tanto dolor, de tanta enajenación.
Diseminado el horror, pasada la sorpresa, mientras los esclavizadores descansaban los instintos satisfechos, agotados por los esfuerzos de las violaciones a que los recién llegados sometían hasta a las niñas indígenas, había que empezar a hablar de un dios que castigaba a los que no se postraran ante la cruz de madera clavada en las entrañas de la Pacha Mama.
Cruz, que por otra parte, tiene la propiedad del castigo aunque se mantenga indolente frente las masacres y el espanto que aún hoy tienen vigencia.
Se trataba de hacerles entender a nuestros indígenas que alguien “murió por ti”, y que muchos debían entregar forzadamente su sangre para evitar la ira en caso de desobediencia.
Había que domesticar al hombre de piel cobriza y a la mujer con pechos acariciados por la naturaleza que tampoco comprendía las razones del genocidio.
Les hablaron de un dios que esperaba en el cielo a los “buenos” siempre y cuando lo veneraran antes. Ya no había perdón si se optaba por seguir siendo “salvajes”.
En ese caso, derechito al infierno.
Derechito… tan derecho como las teorías reivindicadoras que siguen hablando de “descubrimiento”.
Hoy se conmemora un nuevo año de la llegada del primer monopolio español al que sucederían otros en la historia capitalista de América, introducido gracias a la mano de obra barata de presos liberados para la travesía y enfermos reproductores de pestes.
Se conmemora un nuevo aniversario de la llegada de los primeros sicarios que pisaron tierra Nuestramericana.
Y siguen llegando conquistadores a esta América morena.
Y siguen matando indígenas y a sus descendientes: los pobres.
Ya no asustan con cruz de madera, ahora es suficiente con lanzar un documento que asegure que otros “incivilizados” tienen armas químicas y ponen en vilo al mundo.
O decir, simplemente, son “terroristas”.
El objetivo es el mismo: la riqueza que pese a tanto dolor y tristeza nuestra Madre tierra sigue pariendo.
Hoy, como todos los 12 de Octubre la humanidad debe sentir vergüenza. Por eso digo, en esta fecha no hay nada que festejar sino todo lo contrario. Y es obligación visceral elevar nuestro  repudio a todos esos engendros que celebraron y celebran esta fecha.
Al menos siento que es el deber que tenemos para con nuestra historia pasada, presente y futura.

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