Es enormemente
ridículo que algunos piensen haber fundamentado suficientemente sus opiniones,
guarecidas y afirmadas sin razón alguna, sólo con que deshagan de algún modo
las razones verdaderas de su contrario, no advirtiendo que no es lo mismo
destruir la casa del enemigo que construir la de uno.
Juan Luis
Vives, Las disciplinas.
A veces conseguir un
libro es toda una aventura. Pedir un libro en una librería convencional, cuando
este tiene más de cinco o seis años, o sólo dos o tres, es arriesgarse a que lo
miren a uno con cara de escepticismo, cuando no de terror; depende de la
educación del librero, de la confianza con el comprador, y de sus
conocimientos. Tras contemplar la pantalla del ordenador, el librero, ante la
cara de ansiedad del cliente, deniega con la cabeza, frunce el ceño, y afirma
lo ya sabido: que el libro tiene sus años, y que ya hace tiempo que está fuera
de circulación. Queda entonces lanzarse a la búsqueda del vetusto ejemplar por
otros derroteros, las librerías de lance por ejemplo. Ahora, afortunadamente,
ya no hay que recorrer todas estas librerías de la ciudad, y de otros lugares,
trotando de aquí para allá. La inmensa mayoría de ellas están ya
informatizadas; el amplio catálogo de sus libros figura en la red, así que es
relativamente fácil dar con lo que se busca, si que es que todavía existe.