entrego mi alma a la noche inmensa;
y en el vacío escucho tus susurros besando las vueltas de mi oído,
tus caricias recorriendo ciegas el laberinto de mi piel.
Tus labios se posan, como mariposas nocturnas,
sobre aquellas mis mejillas que olvidaron la sal.
Busca mi mano el refugio de tus dedos,
el calor de tu vientre, la paz de tu corona oscura;
busca mi alma el círculo de tu cintura,
la curva de tu espalda, tu ser todo, tu figura.