A Marito no le gustaba
dormir la siesta; aunque lo obligaran, no dormía. Despierto en su pieza casi en
penumbra, se acercaba al pequeño hoyo en el postigo que anulaba la ventana y
rescataba un pedacito de vereda. No era mucho entretenimiento, sólo unas
cuantas baldosas grises que, abrasadas por el intenso sol de verano, a esa hora
nadie pisaba.
Esta página intenta ser un espacio multicultural donde todas las personas con inquietudes artísticas, en cualquier terreno que sea puedan publicar sus creaciones en forma libre y sin ningún tipo de censura. Son bienvenidas todas las muestras de las bellas artes que los lectores del blog nos quieran acercar. El único criterio válido es el de la expresividad, y todo aquél que desee mostrar sus aptitudes no tendrá ningún tipo de censura previa, reparos o correcciones. Este espacio pretende solamente ser un canal más donde los artistas de todas las latitudes de nuestra Iberoamérica puedan expresarse. Todas las colaboraciones serán recibidas ya sea en nuestro correo todaslasartes.argentina@gmail.com o bien en nuestra página en facebook denominada "Todas Las Artes Argentina" (Ir a http://www.facebook.com/profile.php?id=100001343757063). Tambièn pueden hacerse amigos de nuestra Página en Facebook yendo a https://www.facebook.com/pages/Todas-Las-Artes-Argentina/249871715069929
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martes, 7 de abril de 2015
martes, 24 de marzo de 2015
EL GALLO BLANCO, por Elizabeth Óliver de Ábalos, de Montevideo, Uruguay
Era grande, fuerte, arrogante. Sumisas, las gallinas
abrían paso ante su andar soberbio y ostentoso que imponía la autoridad del
gallinero. Sólo mostraba su recelo ante la presencia humana cuando mi madre entraba
a buscar huevos, con la cresta erguida y las alas entreabiertas, sin
amedrentarse ni retroceder.
miércoles, 4 de marzo de 2015
EL AÑO NUEVO DE CANDIDA, por Elizabeth Oliver de Abalos, de Montevideo, Uruguay
Pensando que en sólo un día más ¡al fin! terminaría
ese año desastroso, Cándida se metió en la cama esbozando una sonrisa de
alivio. Cansada del trajín del día y de las penurias propias y ajenas de todo
un año, con el último bostezo se durmió profundamente.
martes, 30 de diciembre de 2014
EL NOMBRE DEL DIABLO por Elizabeth Oliver de Abalos, de Montevideo, Uruguay
―¿Cómo te llamás, gurí? ―dijo doña Inés―.
―Damián ―contestó el chico―.
―¡Aaaaaj! ―doña Inés se persignó― ¡el nombre del diablo!
―¿Quién es el diablo? ―preguntó Damián un poco asustado ante el
gesto de la mujer―.
―¡Callate, mocoso!, y andá pa’l
fondo ―le ordenó― ¡no me andés alrededor!
Damián obedeció. En el fondo había dos niños de la edad de él,
un varón y una nena. Estaban sentados en
el piso de tierra, desgranando arvejas en un tacho enlozado.
martes, 25 de noviembre de 2014
AMIGA LULA, por Elizabeth Oliver de Abalos, de Montevideo, Uruguay
El 26 de febrero del 91 emprendíamos el viaje hacia Jaguarão, mi
segundo destierro… esta vez también obligado, aunque voluntario.
Con dieciséis años de
antigüedad y siendo Jefe de Sección desde el 85, hacía ya muchos años que
estaba en condiciones de obtener el traslado al exterior. Esa Ley permite que
haya doce administrativos afuera, y el designado sale por tres años una sola
vez en la vida.
Codiciado beneficio ―para
un escalafón acostumbrado a un sueldo común y corriente―, que da la oportunidad de vivir a lo grande,
casi como un diplomático, y si se administra bien, da para pararse… ¡para el
resto de la zafra!
miércoles, 13 de agosto de 2014
AMIGOS... SON LOS AMIGOS, por Elizabeth Oliver de Abalos, de Montevideo, Uruguay
Alrededor de la mesa del simpático café de barrio
que solían frecuentar, un grupo de amigos pasaba la mayor parte de sus horas
libres entre amenas charlas, cervezas, algo simple de comer y mucho café. Desde
chicos, asistiendo al mismo club deportivo, se habían hecho inseparables.
Independientemente, cada uno cumplía lo suyo con efectividad. En grupo, sin
tendencia política, les importaba lo social, buscando formas eficaces de
solucionar problemas a corto plazo y aportando
también su tiempo para lograrlas. Eran tres muchachos y una chica:
Diego, Matías, Dante y Sara.
miércoles, 30 de julio de 2014
AMNESIA por Eliza Óliver de Ábalos, de Montevideo, Uruguay
Subió lentamente las escaleras del Estadio casi
vacío y se sentó allá arriba, en la última grada de la tribuna. No sabía por
qué había entrado ni qué lo había impulsado a subir tanto. Miró hacia la cancha
por un instante, sin interés, y dejó que su mirada se perdiera en la nada.
Estaba confuso, tratando sin suerte de hilvanar algún pensamiento, de recordar
algo, por lo menos, dónde había estado antes de llegar ahí.
miércoles, 8 de enero de 2014
PREMONICIÓN, por Elizabeth Óliver de Abalos, de Montevideo, Uruguay
La despertó su propio grito y se vio
separando de sí la ropa de cama con desesperación. Le dolía el cuerpo, le ardía
la piel, transpiraba y respiraba con dificultad. Seguía viendo la escena
nítidamente. Aquella mujer envuelta en llamas se abalanzó sobre ella con una
fuerza colosal, la arrastró en el impulso y le cayó encima. De espaldas en el
suelo, el dolor del golpe le impedía zafar del cuerpo exánime que la estaba
chamuscando y el tufo del pelo quemado no la dejaba respirar. Nunca había soñado
algo tan real.
miércoles, 1 de mayo de 2013
UNA CUENTA PENDIENTE, por Elizabeth Oliver de Abalos, de Montevideo, Uruguay
En la década del 50' cuando cursaba 6to. año en la escuela Simón
Bolívar, solía subir al salón de actos a primera hora de la tarde, a cumplir
con una tarea encomendada por mi maestra: cambiar el agua de la pequeña pecera
y alimentar a los peces durante la licencia de la encargada. Me gustaba, y
habituada a ocuparme de los peces de mi casa, lo hacía muy rápido.
Podía, entonces, tomarme unos
minutos para mirar hacia la calle por los ventanales, donde hacían una picadita
de fútbol unos muchachos del barrio. Por la calle Simón Bolívar no había casi
tránsito que interrumpir y ellos, que eran muy pocos, se divertían sin
escándalo por unos pocos minutos sin molestar.
martes, 23 de abril de 2013
RECUERDOS DE BARRIO (Relato), por Elizabeth Oliver de Abalos, de Montevideo, Uruguay
Miguel y yo hablábamos de
cosas que vivimos ambos, allá lejos en el tiempo. Las mismas cosas, que
quedaron fijas de forma distinta en el recuerdo de cada uno, sólo por esos diez
años de diferencia que muestran ―cuando
hurgamos en el pasado― cómo las vio un
adolescente… y cómo lo hizo una niña.
El tema ondeaba en los cometidos de la Policía; analizando a lo que está
expuesto el Agente de hoy, en lo cotidiano, comparándolo con aquél de antaño:
el que rondaba el barrio silbando bajito, saludando vecinos; el que recostado
al farol de la esquina esperaba tranquilo, cada noche, algún hecho inusual que
implicara su intervención.
viernes, 8 de marzo de 2013
PUEDO, por Elizabeth Óliver de Ábalos, de Montevideo, Uruguay
Me gusta estar acá,
en la paz de esta casa,
sola contigo.
Me gusta el silencio
de estas noches,
sólo quebrado por tu voz
que tanto quiero.
viernes, 5 de octubre de 2012
MI ÁRBOL, por Elizabeth Oliver de Abalos, de Montevideo, Uruguay
Yo tendría veintidós años cuando
la Caja de Jubilaciones (hoy BPS) ofreció a sus funcionarios un préstamo para
vivienda, pagadero a larguísimo plazo con una cuota irrisoria. Papá ― que había pasado a la Caja después de
trabajar en UTE treinta años ― aceptó la propuesta con la idea de "dejarle
un techo a la gurisa" y empezó a buscar.
Hacía
mucho que estaba separado de mi madre. Ella había iniciado, abandonado y
reflotado el trámite de divorcio muchas veces para no finalizarlo jamás… Él...
solamente aceptaba sin opinar, pero la seguía considerando como toda la vida.
Por eso, elegir una vivienda que llenara los requisitos de mi madre ― aún
sabiendo que jamás querría habitarla ― le era tan imprescindible como difícil.
Un día,
descubrió un cartelito de venta en la terminal del 104 cuando vino a comprar
carne a las ya inexistentes Carnicería Argentina y FYLSA, del otro lado del
puente. En esa época de veda, todos pasábamos la insustituible proteína "de
contrabando", una vez por semana, de Canelones a Montevideo.
La casita
le gustó y el precio también, así que fue a buscarme para darle "el visto
bueno", porque creía que yo podía interpretar las exigencias de mi madre
mejor que él… y tal vez explicarle que una zona sin pavimento puede ser
considerada un balneario y no exclusivamente un "cantegril".
miércoles, 12 de septiembre de 2012
EMBRUJO DE LUNA, por Elizabeth Óliver de Ábalos, de Montevideo, Uruguay
Casi a las 8, cuando Sofía estacionó el auto en Garibaldi y Ocho de Octubre, todavía no había oscurecido totalmente. Era una noche tremendamente calurosa, de atmósfera pesada. Antes de entrar al bar, esperó a Elena y Amanda, que descendían de un taxi. Mariana había llegado antes ―como siempre― y levantaba el brazo muy sonriente desde una mesa ubicada justo bajo el aparato de aire acondicionado.
Eran amigas de toda la vida. Se habían jubilado las cuatro casi juntas el año anterior, y lo festejaban infaliblemente una vez al mes. Les gustaba salir entre semana, ya no había que padecer las aglomeraciones de los feriados porque se habían terminado los madrugones.
Tomaban unos cuantos whiskys con picadillo y más tarde, café y sándwiches calientes hasta determinar por unanimidad que Sofía estaba en condiciones de conducir... no fuera cosa de llevarse un árbol por delante y al otro día salir escrachadas en los diarios como “cuatro sexagenarias en estado de ebriedad”.
Pero esa noche fue diferente. Mariana se había quemado con el horno y le dieron antibióticos. Elena había presenciado un robo violento en la calle y tomó un sedante. Amanda había discutido con su hijo y estaba sintiendo la gastritis. Sólo Sofía podía tomar alcohol... pensó si estaban en “el Pecos” o en Don Orione, pero obvió los comentarios y las acompañó con refrescos.
viernes, 24 de agosto de 2012
A MI PAÍS, por Elizabeth Oliver de Abalos, de Montevideo, Uruguay
Me fascina tu forma, tu tamaño,
tu contorno, tu aroma, tu tibieza.
Me seduce explorarte, descubrirte,
disfrutar lo acogedor de tu belleza.
Cómo me eriza la luz de tus mañanas,
cuando me invita a recorrerte sin descanso,
para saberte…
porque lo que de tí conozco… nunca alcanza.
viernes, 10 de agosto de 2012
INVASORES, por Elizabeth Oliver de Abalos, de Montevideo, Uruguay
No son extraterrestres, no son milicias, no son bandadas de insectos, no son bacterias mortíferas... Son invasores, prontos para atacar sin ser vistos y acaparando todo sitio conocido y transitable.
En ningún lado estamos a salvo, el riesgo crece, la libertad se restringe, la tranquilidad no existe, el peligro es inminente.
lunes, 2 de julio de 2012
LAS AMIGAS "VIP", por Elizabeth Oliver de Abalos, de Montevideo, Uruguay
Cuando sonó el teléfono, Eugenia estaba en el fondo, limpiando de hojitas secas las plantas del costado del parrillero. Se apuró a entrar y al acercarse, ya se escuchaba la voz de Cristina en el contestador, quejándose de lo difícil que le resultaba poder hablar con ella. Levantó el tubo y le recordó la distancia existente entre la parrilla y la casa.
viernes, 18 de mayo de 2012
CONOCIENDO EL PELIGRO, por Elizabeth Oliver de Abalos, de Montevideo, Uruguay
La pareja había sido linda desde el principio. Se querían mucho y se complementaban perfectamente. Esperaron su retoño con amor, esperanza, y esa responsabilidad innata en todos aquellos que sinceramente desean un hijo. Cuando nació, iniciaron una vida de tres con alegría, dedicación y empeño. Así lo fueron atendiendo y protegiendo, hasta que llegó el momento de empezar a formarlo.
martes, 8 de mayo de 2012
EL VIOLÍN, por Elizabeth Oliver de Abalos, de Montevideo, Uruguay
Se habían conocido allá por el año 33, en la vuelta de la Universidad, a la salida del nocturno. Tenían la misma edad, pero ella terminaba Preparatorios, y él Secundaria. Un poco por eso, y otro poco por ser tan seria y recatada; él le vio algo de superior y le costó abordarla. Que lo había deslumbrado no cabían dudas, así que se armó de coraje y al fin le habló.
A ella también le gustó la pinta del cortejante, y así como quien no quiere la cosa, negativa va, negativa viene, lo fue llevando a su terreno y terminó aceptando... con unas cuantas condiciones: No le interesaba perder el tiempo y la finalidad de la relación debía ser el matrimonio; pero antes, quería terminar su carrera.
viernes, 9 de marzo de 2012
LA BRUJA, por Elizabeth Oliver de Ávalos, de Montevideo, Uruguay
"La Bruja,
que ayer fuera reina de todo mi ser,
hoy, roto el encanto, no es más que mujer.
La Bruja,
montón de caprichos que me esclavizó,
hoy es un paisaje, cubierto de horror".
Francisco Gorrindo
Todo empezó en la oficina de un jerarca, después se trasladó a la del secretario y por último... a la vida misma del pobre pinche que admiraba a su jefe por ser un tipo de bien, y creyó que todo lo que hacía (o había hecho), era de la misma calidad y por lo tanto, admirable también.
La pibita iba a ver al padre a la oficina, tendría unos 10 años cuando Luis la vio por primera vez. Linda, simpática, vivaracha, le gustó, como también le gustaban todos los gurises con esas condiciones, y dejó aflorar sus cualidades pedagógicas conversando con ella. Trece años mayor, se sentía como un tío orgulloso de su sobrina.
miércoles, 21 de septiembre de 2011
UN "CLÁSICO" INOLVIDABLE, por Elizabeth Oliver de Ábalos, de Montevideo, Uruguay
Aquel domingo soleado de invierno, estaba montada en los barrotes del muro del frente, uno de mis atalayas en aquella casa. Tendría 5 años, ó 6.
Me entretenía mirando pasar a la gente, abrigada con el pantalón–buzo de algodón frisado color bordó que a mi abuelo le hacía decirme "Michelín"… Me lo ponían encima de un montón de ropa y difería del muñeco de los neumáticos únicamente por el color.
Serían las 10 de la mañana, cuando se me acercó papá. Esa tarde iríamos a ver "el clásico" juntos y pensé que saldría rumbo al Estadio a comprar su entrada… Pero se apoyó en el muro a mi lado, a tomar mate. Por la calle ya el gentío parecía una manifestación con rumbo al parque y en poco rato más las localidades se agotarían… ¿Habría surgido algún "cambio de planes" a último momento? Inquieta, no pude aguantarme y le pregunté.
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