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viernes, 15 de agosto de 2014

DENADIE por Andrés Berger Kiss, de Medellín, Colombia.


Ojeando mi cuaderno de apuntes, brego por leer la entrada fechada martes o miércoles, 10 de mayo de 1986, Selva del Urabá, pero los borrones hacen difícil la lectura. Hay trozos ilegibles.  Ni la fecha está clara.  El 8 en 1986 parece ser un 6.  ¿Estaría yo aquí en 1966?  Si es así, sería una diferencia de 20 años.  Bueno, podría ser.  Yo regreso cada vez que puedo.  Aquí me siento como en casa.  Ya se me perdió la cuenta de las veces que vengo. 

miércoles, 2 de abril de 2014

CARTA A MI AMANTE, por Andrés Berger Kiss, de Medellín. Colombia


Ahora comprendo que me apetece
susurrar vilezas en tus oídos
durante el fervor de nuestro placer
porque tu regocijo es mi perdón instantáneo,
transformando lo basto en lo tierno,
reemplazando la profanidad con la virtud,
cambiando la corrupción por el júbilo,

la muerte por la vida.

miércoles, 26 de marzo de 2014

EL OJO INDIFERENTE DE LA LUNA, por Andrés Berger Kiss, de Medellín, Colombia.


La mordida salvaje del vendaval
transforma la roca en arena
nutriendo la tibia playa
al son del rugido de las olas
y un estertor de estrellas

revolcándose en la furia del mar.

miércoles, 5 de marzo de 2014

ODA A LOS NOMBRES DE MI AMERICA NATIVA (1492 - 1992), por Andrés Berger Kiss, de Medellín. Colombia


¡Nombres tan fornidos e invencibles
ostentan las montañas y los ríos
las aldeas y ciudades
todos los pedazos de esta Tierra
que es mi América!
Tierra del Fuego    Valle de la Muerte   Guanahaní   Chattanooga

Okefenokee        Huamachuco        Paraná 

miércoles, 1 de febrero de 2012

UN REGALO DE CUMPLEAÑOS, por Andrés Berger Kiss, de Medellín, Colombia

Pensé en sorprender a mi madre¾la que llamaban ‘La Húngara’ en el vecindario¾el día de su cumpleaños con algún regalo inusitado, algo que la entusiasmara, cuando uno de los indios que bajaba de la cordillera pasando por la Avenida Echeverry donde vivíamos, trajo un loro grande, sentado en su hombro.
«Conversa mucho y sólo cuesta cincuenta centavos", el indio me dijo.
«¿Y usté cree que este loro podría aprender a decir unas palabras en húngaro?» le pregunté, medio apenado.
«¿Húngaro?  Eso debe ser como guajiro.  Un pájaro que conversa en guajiro y en español aprende cualquier cosa; hasta húngaro aprende», comentó el indio.  «Es tuyo por cuarenta y cinco centavos y podés comenzarle sus lecciones ahorita mismo».

miércoles, 6 de abril de 2011

EL AFILADOR, por Andrés Berger Kiss, de Bogotá, Colombia


(“El afilador” ganó un premio nacional de cuento en 1988, fue publicado en el magazín America’s Review de la Universidad de Houston. El original en castellano lo publicó la Revista Literaria del Museo Nacional de México. Y una traducción al húngaro apareció en el libro Egtájok, publicado por la Editorial Europa de Budapest entre los mejores cuentos mundiales de 1989).

Manejaba un triciclo de ruedas enormes que tenía montado un parasol amarillo encima de una gran caja verde llena de herramientas para afilar cuchillos y tijeras, y venía todos los sábados a las nueve en punto de la mañana por nuestro vecindario anunciándose con una dulzaina que tocaba con una mano y que apenas daba cuatro notas agudas, la última de las cuales él sostenía por varios segundos.  Apenas oíamos aquella serie de disonancias repetidas sin variación alguna, todos los niños de la Avenida Echeverry entre las calles de El Palo y El Chumbimbo interrumpíamos cualquier actividad por muy importante que fuera y salíamos a la calle en tropel aún cuando estuviera lloviendo a cántaros.