Ojeando
mi cuaderno de apuntes, brego por leer la
entrada fechada martes o miércoles, 10 de mayo de 1986, Selva del Urabá,
pero los borrones hacen difícil la lectura. Hay trozos ilegibles. Ni la fecha está clara. El 8 en 1986 parece ser un 6. ¿Estaría yo aquí en 1966? Si es así, sería una diferencia de 20
años. Bueno, podría ser. Yo regreso cada vez que puedo. Aquí me siento como en casa. Ya se me perdió la cuenta de las veces que
vengo.
Esta página intenta ser un espacio multicultural donde todas las personas con inquietudes artísticas, en cualquier terreno que sea puedan publicar sus creaciones en forma libre y sin ningún tipo de censura. Son bienvenidas todas las muestras de las bellas artes que los lectores del blog nos quieran acercar. El único criterio válido es el de la expresividad, y todo aquél que desee mostrar sus aptitudes no tendrá ningún tipo de censura previa, reparos o correcciones. Este espacio pretende solamente ser un canal más donde los artistas de todas las latitudes de nuestra Iberoamérica puedan expresarse. Todas las colaboraciones serán recibidas ya sea en nuestro correo todaslasartes.argentina@gmail.com o bien en nuestra página en facebook denominada "Todas Las Artes Argentina" (Ir a http://www.facebook.com/profile.php?id=100001343757063). Tambièn pueden hacerse amigos de nuestra Página en Facebook yendo a https://www.facebook.com/pages/Todas-Las-Artes-Argentina/249871715069929
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viernes, 15 de agosto de 2014
miércoles, 2 de abril de 2014
CARTA A MI AMANTE, por Andrés Berger Kiss, de Medellín. Colombia
Ahora
comprendo que me apetece
susurrar
vilezas en tus oídos
durante el
fervor de nuestro placer
porque tu
regocijo es mi perdón instantáneo,
transformando
lo basto en lo tierno,
reemplazando
la profanidad con la virtud,
cambiando
la corrupción por el júbilo,
la muerte
por la vida.
miércoles, 26 de marzo de 2014
EL OJO INDIFERENTE DE LA LUNA, por Andrés Berger Kiss, de Medellín, Colombia.
La mordida
salvaje del vendaval
transforma
la roca en arena
nutriendo
la tibia playa
al son del
rugido de las olas
y un
estertor de estrellas
revolcándose
en la furia del mar.
miércoles, 5 de marzo de 2014
ODA A LOS NOMBRES DE MI AMERICA NATIVA (1492 - 1992), por Andrés Berger Kiss, de Medellín. Colombia
¡Nombres
tan fornidos e invencibles
ostentan
las montañas y los ríos
las aldeas
y ciudades
todos los
pedazos de esta Tierra
que es mi
América!
Tierra del Fuego Valle de la Muerte Guanahaní
Chattanooga
Okefenokee Huamachuco Paraná
miércoles, 1 de febrero de 2012
UN REGALO DE CUMPLEAÑOS, por Andrés Berger Kiss, de Medellín, Colombia
Pensé en sorprender a mi madre¾la que llamaban ‘La Húngara’ en el vecindario¾el día de su cumpleaños con algún regalo inusitado, algo que la entusiasmara, cuando uno de los indios que bajaba de la cordillera pasando por la Avenida Echeverry donde vivíamos, trajo un loro grande, sentado en su hombro.
«Conversa mucho y sólo cuesta cincuenta centavos", el indio me dijo.
«¿Y usté cree que este loro podría aprender a decir unas palabras en húngaro?» le pregunté, medio apenado.
«¿Húngaro? Eso debe ser como guajiro. Un pájaro que conversa en guajiro y en español aprende cualquier cosa; hasta húngaro aprende», comentó el indio. «Es tuyo por cuarenta y cinco centavos y podés comenzarle sus lecciones ahorita mismo».
miércoles, 6 de abril de 2011
EL AFILADOR, por Andrés Berger Kiss, de Bogotá, Colombia
(“El afilador” ganó un premio nacional de cuento en 1988, fue publicado en el magazín America’s Review de la Universidad de Houston. El original en castellano lo publicó la Revista Literaria del Museo Nacional de México. Y una traducción al húngaro apareció en el libro Egtájok, publicado por la Editorial Europa de Budapest entre los mejores cuentos mundiales de 1989).
Manejaba un triciclo de ruedas enormes que tenía montado un parasol amarillo encima de una gran caja verde llena de herramientas para afilar cuchillos y tijeras, y venía todos los sábados a las nueve en punto de la mañana por nuestro vecindario anunciándose con una dulzaina que tocaba con una mano y que apenas daba cuatro notas agudas, la última de las cuales él sostenía por varios segundos. Apenas oíamos aquella serie de disonancias repetidas sin variación alguna, todos los niños de la Avenida Echeverry entre las calles de El Palo y El Chumbimbo interrumpíamos cualquier actividad por muy importante que fuera y salíamos a la calle en tropel aún cuando estuviera lloviendo a cántaros.
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