Esta página intenta ser un espacio multicultural donde todas las personas con inquietudes artísticas, en cualquier terreno que sea puedan publicar sus creaciones en forma libre y sin ningún tipo de censura. Son bienvenidas todas las muestras de las bellas artes que los lectores del blog nos quieran acercar. El único criterio válido es el de la expresividad, y todo aquél que desee mostrar sus aptitudes no tendrá ningún tipo de censura previa, reparos o correcciones. Este espacio pretende solamente ser un canal más donde los artistas de todas las latitudes de nuestra Iberoamérica puedan expresarse. Todas las colaboraciones serán recibidas ya sea en nuestro correo todaslasartes.argentina@gmail.com o bien en nuestra página en facebook denominada "Todas Las Artes Argentina" (Ir a http://www.facebook.com/profile.php?id=100001343757063). Tambièn pueden hacerse amigos de nuestra Página en Facebook yendo a https://www.facebook.com/pages/Todas-Las-Artes-Argentina/249871715069929

miércoles, 13 de agosto de 2014

AMIGOS... SON LOS AMIGOS, por Elizabeth Oliver de Abalos, de Montevideo, Uruguay


Alrededor de la mesa del simpático café de barrio que solían frecuentar, un grupo de amigos pasaba la mayor parte de sus horas libres entre amenas charlas, cervezas, algo simple de comer y mucho café. Desde chicos, asistiendo al mismo club deportivo, se habían hecho inseparables. Independientemente, cada uno cumplía lo suyo con efectividad. En grupo, sin tendencia política, les importaba lo social, buscando formas eficaces de solucionar problemas a corto plazo y aportando  también su tiempo para lograrlas. Eran tres muchachos y una chica: Diego, Matías, Dante y Sara.

martes, 12 de agosto de 2014

INFORME, por Rolando Revagliatti, de Buenos Aires, Argentina


Pocos edificios concentrados en las manzanas que lindan con la plaza; el más alto llegará a quince pisos. Las casas tienden a la sencillez. Las más antiguas, con los jardines encerrados por muros de los que sobresalen enredaderas y estrellas federales. Las puertas, de hierro, pintadas de verde. De las que no están pintadas de verde... nadie atinaría a definir el color. Espaciosas estas casas, y cuidadas, con esmero incierto. Y casi todas las modernas, lo son por haber sido restauradas. Hay calles con apenas unos arbolitos, recién plantados. Otras ostentan muchos, y añosos. Los canteros de la plaza, maltratados; los bancos de madera, rotos; los juegos no, curiosamente. Sólo hay una avenida. Y calles anchas, bien señalizadas, de tránsito rápido. Las cortadas, cercanas a la iglesia. Sobre la avenida, las galerías principales. Dentro de la más vistosa, la confitería bailable mejor montada. No hay cines ni hoteles para parejas, pero sí el teatro de una cooperativa, con su edificio al lado de la comisaría. Las instituciones bancarias, en esquinas, pero no las farmacias. La plazoleta, con los puestos, escasos y alicaídos, de compra y venta de libros, embaldosada. Al barrio lo atraviesan varias líneas de colectivos (y con ninguna se llega al microcentro).

viernes, 8 de agosto de 2014

UN VIEJO LIBRO, por Vicente Adelantado Soriano, de Valencia, España


Es enormemente ridículo que algunos piensen haber fundamentado suficientemente sus opiniones, guarecidas y afirmadas sin razón alguna, sólo con que deshagan de algún modo las razones verdaderas de su contrario, no advirtiendo que no es lo mismo destruir la casa del enemigo que construir la de uno.
Juan Luis Vives, Las disciplinas.

A veces conseguir un libro es toda una aventura. Pedir un libro en una librería convencional, cuando este tiene más de cinco o seis años, o sólo dos o tres, es arriesgarse a que lo miren a uno con cara de escepticismo, cuando no de terror; depende de la educación del librero, de la confianza con el comprador, y de sus conocimientos. Tras contemplar la pantalla del ordenador, el librero, ante la cara de ansiedad del cliente, deniega con la cabeza, frunce el ceño, y afirma lo ya sabido: que el libro tiene sus años, y que ya hace tiempo que está fuera de circulación. Queda entonces lanzarse a la búsqueda del vetusto ejemplar por otros derroteros, las librerías de lance por ejemplo. Ahora, afortunadamente, ya no hay que recorrer todas estas librerías de la ciudad, y de otros lugares, trotando de aquí para allá. La inmensa mayoría de ellas están ya informatizadas; el amplio catálogo de sus libros figura en la red, así que es relativamente fácil dar con lo que se busca, si que es que todavía existe.

jueves, 7 de agosto de 2014

CARCOMA, por Eva Marabotto, de Buenos Aires, Argentina


Cuando la carcoma llegó Juan estaba solo. Matilde había viajado por trabajo e iba a volver de un momento a otro. Pero imprevistamente, la ciudad y la gente se volvieron otras. El primer paciente fue un viejo que pedía monedas en el subte. Lo encontraron muerto en un andén, con el rostro desfigurado. Nadie se animaba a tocarlo por temor al contagio hasta que alguien propuso pagarle a un indigente para que se llevase el cuerpo. Aquel hombre apareció tirado en la puerta de una galería comercial abandonada. No respiraba y tenía las facciones carcomidas por un mal que nadie pudo identificar. Lo reconocieron por las ropas que llevaba y por la bolsa de color chillón en la que había guardado el dinero que le dieron. Eran sus únicas pertenencias.

miércoles, 6 de agosto de 2014

MANÍAS, por Miguel Ábalos, de Montevideo, Uruguay


Creo que todos los seres humanos tenemos nuestras manías  –por llamarlas de alguna forma–  que en el correr de los años van en aumento hasta que se convierten en algo casi patológico. Por ejemplo cuando después de cerrar la puerta  –desde afuera cuando se sale o desde adentro para irse a dormir–  se verifica en más de una oportunidad si quedó bien cerrada, tratando de disipar la duda de haberla dejado abierta.

martes, 5 de agosto de 2014

LA ÚNICA LUZ DE LA SALA, por Nechi Dorado, de Santa Teresita, Argentina


Ilustración “La mujer y el gato” de Beatriz Palmieri

El rugido del viento hacía pensar que algún demonio errante intentaba ingresar en la habitación descascarada, donde solos, una mujer y un gato color óxido, compartían las horas de cada día y cada noche.

viernes, 1 de agosto de 2014

ESCLAVITUD Y COLAS, por Vicente Adelantado Soriano, de Valencia, España


Siempre resulta un poco absurdo, y un tanto pretencioso, como se hace y se ha hecho a menudo, definir una época, un tiempo o una generación, con una simple palabra, una frase más o menos ingeniosa, o una broma. Cierto es que, en todas estas formas, hay una parte de verdad; pero no es menos cierto que, a veces, la vida nos sorprende y resulta un poco más compleja y abigarrada de lo que encierra una simple definición. Encajarla entonces en una frase es como tratar de meter una manguera de riego en el estuche de un anillo de pedida.

jueves, 31 de julio de 2014

EL CAMALEÓN ©, por Carlos Alejandro Nahas, de Buenos Aires, Argentina


Foto de archivo pública: Jockey Club Casa Central ciudad de Córdoba


-       Muchachos, hasta acá llegamos. No cuento más nada – soltó el Turco con cara seria mientras los demás lo miraban estupefactos –
-       ¿Será mucho preguntarte porqué? – tiró el Tano Brandán arriba de la mesa del café mientras los otros tres seguían enfrascados en el dominó –
-       Y… porque me andan contando que hay un boludo por ahí que cosa que cuento, cosa que escribe y me lo publica por internet. Dicen que hasta un libro de cuentos míos anda preparando. Se va a cagar, che.

miércoles, 30 de julio de 2014

AMNESIA por Eliza Óliver de Ábalos, de Montevideo, Uruguay


Subió lentamente las escaleras del Estadio casi vacío y se sentó allá arriba, en la última grada de la tribuna. No sabía por qué había entrado ni qué lo había impulsado a subir tanto. Miró hacia la cancha por un instante, sin interés, y dejó que su mirada se perdiera en la nada. Estaba confuso, tratando sin suerte de hilvanar algún pensamiento, de recordar algo, por lo menos, dónde había estado antes de llegar ahí.

martes, 29 de julio de 2014

LA VIAJERA©, por Víctor González Treviño, de Reynosa, Tamaulipas, México


Fue un verano como cualquier otro. Un horno de 40 grados, Estaba sentado en la central de trenes, en esa época, aún era de pasajeros que iban y venían desaforados unos contra otros. Sudados. Azorados si por vez primera llegaban a la ciudad. Entre la muchedumbre, vi el rostro más hermoso que contrastaba con el gris de las instalaciones ferroviarias. Era una joven de aspecto alegre. Descendió del vagón con los brazos abiertos como si quisiera volar y aterrizaron sus ojos en mí. Avanzó con una seguridad que yo no tenía. –Sàbes vos, ¿dónde puede una comer acá?- su acento extranjero se mi hizo más sensual que ella misma. Vestía algo extraño. Un tipo de moda que tardaría muchos años en llegar al pueblo. Muy esporádicamente algún joven se atrevía vestir los pantalones acampanados, Ella vestía un pantalón viejo, rasgado, deslavado, muy, muy ajustado y una blusa de apariencia fresca como su sonrisa. Con timidez le indique la fonda de la central y me atreví a sugerir. –Si pides el caldo, recordarás siempre esté lugar-. Me observó con una curiosidad que me incómodo y de pronto tomó mi mano. –Anda acompáñame con un café-. En la proximidad su rostro era más hermoso y jovial, accedí sólo para seguir contemplando su belleza como cuando contemplas una obra de arte.

viernes, 25 de julio de 2014

LOS TESTIGOS©, por Víctor González Treviño, de Reynosa, Tamaulipas, México


Los tacones soportaron todo el peso de la pasión, dejaban huella de la belleza de Melisa en cada andar, tal vez por eso, ese día trágico no la acompañaron a la morgue a identificar su propio cadáver.

jueves, 24 de julio de 2014

FURIA MUNDIALISTA, por Eva Marabotto, de Buenos Aires, Argentina


Cuando salí, la calle estaba desierta. Casi pude oír la conversación que se estaba dando en cada casa, en cada bar, en cada oficina frente al televisor para evaluar el primer tiempo del partido que la Selección Nacional le ganaba a Nigeria. Elogios a los delanteros, críticas al referí y un pedido a la estrella del equipo para que despliegue su magia.

miércoles, 23 de julio de 2014

GINECEO VULGAR, por Salvador Alario Bataller, de Valencia, España



Elizabeth, Yeni, Norayana, Niomy, Vicky y Pepa llevaban trabajando desde casi niñas en aquel burdel apestoso de Nuevo México. Todas provenían de países distintos y arrastraban historias de dolor y pérdida, unas vidas, en suma, que las arrojaron a aquel lugar triste.