Un auténtico revolucionario camina para no estarse quieto.
Y al caminar, va silbando, ahuyentando los demonios de miedos y bajando los cantos del cielo.
Y en su caminar va danzando, cual pase de baile su andar semeja pues los caminos nuevos que nunca de huella en faro se prestan.
Tan nuevo como su sendero es, nuevo su andar ha de recorrerse y nuevos sus pies también.
Y cuando camina va riendo, para ubicar a los problemas en su lugar y por fuera detrás.
Para levantar una muralla insalvable a las penas y al dudar.
Y su sonrisa comparte porque el revolucionario no es de gustar solo andarse. Cada sonrisa recibe otra reflejada y a quién que le ve radiante como un sol, él se acerca al oído a decir: "Donde tú ves uno, dos reflejados en tus ojos es. Lo que bueno ves, multiplica. Y en tu corazón ya son tres.".
Un auténtico revolucionario hace su andar en revolución.