En esta cruel dicotomía que es la vida,
donde un imperio feroz nos crucifica,
hablar de paz no es fácil,
se me ocurre enredada en un cruel
paradigma de mentiras.
Y sin embargo la
sueño, la deseo, la espero,
mientras garabateo un poema
-que sin dudas, no es bueno-.
Invento alguna triste melodía,
leo un diario y me indigno,
siembro flores, las riego,
venero a mis muertos e incentivo a mis vivos
a continuar su búsqueda,
a despejar la niebla que la blinda
en una fortaleza de oprobios.
Abrazo a algún anciano que encuentro en el camino,
recojo de la calle a un perro flaco
y herido.
Enseño a leer a un niño,
a la vez que le pido que nunca
se haga amigo del miedo
tampoco del silencio,
y de paso susurro que la paz no se busca
genuflexo o tendido,
Sino de pie. ¡Erguido!
mientras garabateo un poema
-que sin dudas, no es bueno-.
Invento alguna triste melodía,
leo un diario y me indigno,
siembro flores, las riego,
venero a mis muertos e incentivo a mis vivos
a continuar su búsqueda,
a despejar la niebla que la blinda
en una fortaleza de oprobios.
Abrazo a algún anciano que encuentro en el camino,
recojo de la calle a un perro flaco
y herido.
Enseño a leer a un niño,
a la vez que le pido que nunca
se haga amigo del miedo
tampoco del silencio,
y de paso susurro que la paz no se busca
genuflexo o tendido,
Sino de pie. ¡Erguido!













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